Los medicamentos, las hierbas
y la desensibilización ofrecen alternativas a la evitación, afirman expertos
Los
niños que sufren de alergias alimentarias graves por lo general evitan el
alimento ofensivo, pero actualmente se están desarrollando métodos que podrían
cambiar ese panorama común.
Más de
tres millones de jóvenes estadounidenses (alrededor de uno de cada 25) sufren
de una alergia alimentaria de algún tipo, por lo general a la leche, a los
huevos o al cacahuete, según las estadísticas del gobierno de EE. UU. Para
ellos "la evitación ha sido el principal tratamiento durante mucho
tiempo", señaló el Dr. William Silvers, alergólogo con un consultorio privado
en Vail, Colorado, y vocero del Colegio Americano de Alergias, Asma e
Inmunología (American College of Allergy, Asthma and Immunology).
"Ahora
lo que vemos es un mayor interés en la inmunoterapia oral", dijo Silvers.
"Esto significa administrar por vía oral dosis pequeñas, pero que aumentan
lentamente, de los alimentos a los que los niños son alérgicos, y aumentar la
cantidad ingerida con el tiempo para desensibilizar al niño del alimento para
que pueda tolerarlo".
Pero
esto conlleva un precio. La Dra. Carla Davis, alergóloga del Hospital
Pediátrico de Texas, en Houston, anotó que una vez un niño se ha
desensibilizado de un alimento en particular, tiene que seguir comiéndolo con
regularidad, o la alergia vuelve de nuevo.
"No
hay mantenimiento de la tolerancia si se evita el alimento", explicó.
Junto
con la desensibilización, otro tratamiento nuevo potencial para las alergias
alimentarias es un fármaco llamado omalizumab (Xolair). Silvers explicó que
funciona al bloquear la actividad de la sustancia causante de alergias llamada
inmunoglobulina E (IgE), de forma que la reacción alérgica nunca comience.
Sin
embargo, la alergia alimentaria regresaría si la persona dejara de tomar el
medicamento, que actualmente solo está disponible en forma inyectable y que no
ha sido aprobada por la Administración de Drogas y Alimentos (FDA) de EE. UU.
para su uso en niños menores de doce años.
Pero
algunos investigadores creen que una combinación de los dos tratamientos podría
ser mejor que cualquiera de los dos de forma independiente. Informes iniciales
de un estudio muy pequeño halló que nueve de once niños que recibieron Xolair y
luego fueron desensibilizados de la leche podían consumir hasta 355 mililitros
(12 onzas) de leche al día sin sufrir una reacción.
Davis
apuntó que los investigadores también evalúan formulaciones herbales y que una
combinación particular de nueve hierbas pudo prevenir una reacción alérgica
grave, llamada anafilaxia, en ratones. "Es otro de los tratamientos que
quizás esté disponible pronto", aseguró, aunque todavía no hay evidencia
en humanos.
Pero lo
que se ha probado es que muchos niños podrían simplemente superar sus alergias
alimentarias con la edad, incluso algunas de las más letales. Davis dijo que
hasta uno de cada cinco niños podrían superar una alergias a los cacahuetes,
pero que las alergias a los huevos, la leche, la soya y el trigo son las más
frecuentemente superadas con le edad. En general, las alergias a los
cacahuetes, las nueces de árbol y los mariscos tienden a continuar cuando los
niños crecen, apuntó.
Saber si
un niño ha superado una alergia alimentaria conlleva pruebas repetidas de piel
y sangre, apuntó Silvers. "Si los niveles de IgE en sangre se reducen con
el tiempo, o si las pruebas de piel resultan negativas o con una reacción muy
pequeña, un niño o un adulto pueden recibir un desafío alimentario para ver si
reaccionan", planteó.
Pero
para que sea segura, la prueba "se debe hacer bajo la supervisión de un
médico", enfatizó Davis, porque puede ocurrir una reacción grave si el
niño no ha superado la alergia.
Es
importante acudir al hospital tras una reacción alérgica grave, porque puede
haber una segunda reacción de cuatro a seis horas después, advirtió Davis.
Muchos
niños tienen su propia epinefrina en la oficina de la enfermera escolar. En
Chicago, el sistema de escuelas públicas decidió recientemente dar el próximo
paso y mantener existencias de inyecciones autoadministradas de epinefrina en
todas las escuelas, y entrenar al personal escolar en su uso, de forma que
estén preparados ante cualquier reacción alérgica grave.
"Es
una buena idea, ya que alrededor de uno de cada cinco niños sufre su primera
reacción grave en la escuela", comentó Davis.
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